El debate sobre el doble rasero en el mundo del deporte está más vivo que nunca. Womanizer ha sido rechazada como patrocinador por la NASCAR para la temporada 2025. Lo curioso es que esta competición sí ha aceptado en el pasado a marcas enfocadas en el bienestar masculino, como Viagra y ExtenZe, pero parece que el placer femenino sigue siendo un tema incómodo para algunos.
Desde Womanizer, dejaron claro que su propuesta no incluía la exhibición de juguetes sexuales en los coches de carreras y resaltaron el estatus premium de la marca. Sin embargo, NASCAR declinó la oferta, dejando en el aire una gran pregunta: Si el marketing deportivo acepta sin problema productos para el rendimiento masculino, ¿por qué el placer femenino no tiene cabida?
Pero Womanizer no se ha quedado de brazos cruzados. Como respuesta, ha lanzado una campaña de concienciación tan audaz como llamativa: una enorme valla publicitaria justo frente al Daytona International Speedway, que permanecerá durante todo un mes y que estará a la vista de los más de 6 millones de espectadores que siguen las legendarias 500 Millas de Daytona.
El mensaje es claro: NASCAR acoge con los brazos abiertos a marcas relacionadas con la intimidad y el rendimiento masculino, pero no muestra la misma apertura cuando se trata del placer de la mujer.
“No es solo el rechazo de un patrocinador, sino el reflejo de un prejuicio cultural más grande”, explica Verena Singmann, responsable de relaciones públicas de Womanizer. “El bienestar y el placer sexual no deberían ser tabú. Si NASCAR ha aceptado marcas para mejorar la intimidad masculina, ¿por qué dibuja una línea roja cuando se trata del placer femenino? Esperamos que esta campaña los haga replantearse su postura y reconocer la importancia de una representación más inclusiva”.
La situación resulta aún más llamativa si se tiene en cuenta que NASCAR sí colabora con marcas de alcohol, nicotina y armas de fuego. Es decir, productos con riesgos reconocidos para la salud y la seguridad, mientras que el bienestar sexual femenino parece ser el límite inaceptable.
Con este movimiento, Womanizer no solo responde al rechazo, sino que pone sobre la mesa una conversación necesaria: ¿Hasta cuándo se seguirá ignorando el placer femenino en espacios donde el bienestar masculino es perfectamente aceptado?


