Abrigar las fachadas de los edificios por el exterior puede ahorrar mas de un 30% en la factura energética, según Propamsa

Abrigar las fachadas con un sistema de aislamiento térmico por el exterior (SATE) puede ahorrar más de un 30% de la energía que consumen los edificios, y por tanto, rebajar como mínimo ese porcentaje en la factura y al menos una tercera parte de sus emisiones a la atmósfera, según datos de Propamsa, experto en soluciones innovadoras para una construcción saludable.

El 75% del parque inmobiliario actual se construyó antes de que entraran en vigor las primeras directivas sobre eficiencia energética y el 80% de esos edificios seguirá en pie para 2050, fecha en la que la UE se propone alcanzar la neutralidad de emisiones, de acuerdo a los estudios de la Confederación Nacional de la Construcción (CNC) recogidos por Propamsa, de ahí que la rehabilitación energética del parque inmobiliario se haya convertido en un aspecto clave para atajar la emergencia climática actual.

Más aún si se tiene en cuenta que un 99% de las viviendas de nuestro país sufre pérdidas de calor innecesarias, convirtiéndose en las grandes depredadoras de energía que, según Andimac, causan un 40% de las emisiones contaminantes de las grandes urbes.

En este sentido, urge aprovechar la partida de 6.820 millones de euros destinada a la rehabilitación de viviendas, anunciada por el presidente del Gobierno, Pedro Sanchez en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia a la rehabilitación energética no solo para reducir las emisiones, sino también para aumentar el confort térmico de los hogares y reducir la factura de la luz de las familias. Y es que el gasto medio en electricidad de los hogares españoles era de casi 50 euros mensuales a mediados de 2020, lo que supone un aumento del 4,9% del gasto y del 14,4% del consumo, según la CNMC.

Cómo acabar con el ‘efecto pared fría’

Así, según los cálculos, un 20% de la energía que se escapa de los hogares lo hace a través de los puentes térmicos. Para acabar con ellos, resulta importante aislar los edificios por el exterior (SATE), consiguiendo además terminar con el denominado efecto ‘pared fría’, que a menudo obliga a subir o bajar el termostato provocando ese derroche innecesario de energía y las consecuentes emisiones a la atmósfera.

De esta forma, se acaba con los cambios drásticos de temperatura en el interior de las viviendas tanto en invierno como en verano y también con las condensaciones y humedades que surgen. Además, al ser una instalación que se realiza por el exterior de la vivienda, no come espacio interior a la vivienda– que con los sistemas tradicionales se ve reducido- ni tampoco requiere obras, por lo que se puede permanecer en ella durante su instalación.

Asimismo, este tipo de sistemas que aumentan el confort y la calidad de vida en casa, también mejoran y modernizan la imagen de los edificios e incluso pueden revalorizarlos más de un 20%, según datos de Andimac recogidos por Propamsa.

Precisamente, considerando estas particularidades, la Comunidad de Madrid ya tiene en marcha unas ayudas para la reducción de la demanda energética de los edificios de entre un 25 y un 35%. Así, comunidades de propietarios, particulares, administraciones públicas o incluso empresas constructoras pueden beneficiarse de hasta 12.000 euros por vivienda para acometer estas mejoras.

Según Celia Pérez, directora general de Propamsa, “la rehabilitación energética de las viviendas se configura como una cuestión fundamental no solo para para mejorar la eficiencia y el confort térmico de un parque inmobiliario antiguo, sino también para reducir las emisiones a la atmósfera, pues no solo el tráfico contamina y la eficiencia energética es mucho más que un simple cambio de ventanas”.

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