Nacido en plena eclosión del diseño industrial español, el sacacorchos de doble palanca de BOJ forma parte ya del imaginario colectivo. Su presencia en el libro Kutxa Creativos en Gipuzkoa y en exposiciones de referencia, como la organizada en el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid sobre la historia del diseño industrial en España, así como en el Museo de la Industria Armera de Eibar, confirma su condición de pieza icónica. No se trata solo de una herramienta para descorchar botellas, sino de un objeto que sintetiza más de un siglo de saber hacer metalúrgico y cultura popular.
La historia arranca en Eibar (Gipuzkoa), a principios de los años treinta. BOJ, fundada en 1905 y especializada en metal, comenzó entonces a trasladar su experiencia técnica a productos de uso cotidiano. En ese contexto surgió uno de sus diseños más singulares: el sacacorchos Búho. En 1932, el diseñador industrial David Olañeta —hijo de Bernardo y padre de Cecilia y Santiago, las tres generaciones familiares ligadas a la empresa durante estos 110 años— concibió para BOJ un sacacorchos de doble palanca cuya silueta sorprendía por su personalidad.
Los engranajes, que evocaban unos grandes “ojos”, y las palancas laterales, semejantes a “alas” desplegadas, daban al utensilio la apariencia inconfundible de un búho. El diseño fue patentado de inmediato y, casi sin proponérselo, BOJ había creado un icono. En 1939, la firma se trasladó a su nueva fábrica en el barrio de Matsaria, en Eibar, donde continúa instalada hoy, y desde allí el Búho comenzó su viaje al mundo.
El éxito comercial no tardó en llegar. A lo largo de las décadas, el sacacorchos Búho se convirtió en uno de los productos estrella de la casa y en un símbolo del diseño industrial español. Se han distribuido millones de unidades en numerosos países, y diversas versiones del modelo han ocupado vitrinas de museos y exposiciones como ejemplo de cómo un objeto cotidiano puede transformarse en pieza de cultura popular. Su mezcla de solidez, fiabilidad y carácter visual ha hecho que varias generaciones lo reconozcan de un vistazo.
Ese reconocimiento no es solo una cuestión de nostalgia. Hoy, el sacacorchos Búho sigue fabricándose en Eibar y se comercializa internacionalmente como uno de los grandes clásicos de los accesorios de vino de BOJ. El modelo ha ido adaptándose a los tiempos: se han introducido nuevos acabados y materiales, se ha optimizado la espiga para garantizar un mejor comportamiento tanto con corchos naturales como con sintéticos, y se han lanzado versiones en gamas de color y diseños más contemporáneos. Sin embargo, el espíritu del original de 1932 permanece intacto.
Paralelamente a la evolución del producto, la compañía ha preservado otro de sus grandes valores: su equipo humano. A lo largo de la historia de BOJ, ha existido un núcleo de personas que ha permanecido unido, comprometido e implicado en la mejora continua. Ese ADN de innovación se refleja en el catálogo actual de la firma, que incluye productos concebidos para cumplir con los estándares internacionales más exigentes. Un ejemplo destacado es su abrelatas industrial, certificado por NSF International, que evidencia la apuesta constante de la marca por la calidad y la precisión.
Así, más de noventa años después de su creación, el Búho no es solo un sacacorchos: es la síntesis de una tradición industrial, de una familia y de una forma de entender el diseño que ha sabido mantenerse vigente sin renunciar a sus raíces.

