Las enfermedades que afectan a las plantas causan pérdidas anuales de unos 220.000 millones de dólares en la industria agrícola de todo el mundo. La FAO (del inglés, Food and Agriculture Organization) de las Naciones Unidas estima que más de un 30% de la producción agrícola mundial se pierde anualmente a causa de patógenos de plantas (hongos, bacterias y virus) y parásitos, con las consecuencias que ello conlleva en el suministro de alimentos.
Para la detección de las enfermedades que afectan a las plantas, los métodos moleculares que implican la amplificación del ácido nucleico son los más empleados. Brevemente, estos métodos comprenden tres pasos principales: extracción del ácido nucleico y purificación; amplificación y, finalmente, detección.
Más en detalle, para la extracción y la purificación del ADN, se lisan aproximadamente 100 mg de homogeneizado de la planta que se quiere analizar, empleando distintos tampones de lisado. La muestra lisada se deposita en una columna de extracción acoplada a un tubo colector de 2 ml de capacidad, y se procede al aislamiento del ADN del resto de moléculas. Para ello, se alternan pasos de adición de distintos reactivos (tampones de lavado y tampón de elución) con pasos de centrifugación a 11.000g durante 1 o 2 minutos.
Como resultado final de este proceso, se obtiene una elución que contiene el ADN de la planta de interés. Luego, como se ha indicado, se procede a la amplificación del ADN aislado, mediante distintas técnicas, siendo la más empleada la PCR y sus variantes, como la RT-PCR.
El último paso en el proceso de identificación de la enfermedad es la detección y la cuantificación de amplicones; proceso para el que se emplean técnicas como la qPCR.
Las enfermedades que afectan a las plantas son responsables de grandes pérdidas económicas en la industria agrícola, y por eso es de especial importancia analizarlas. Para el primer paso de este análisis, que es la extracción y la purificación del ADN de las células vegetales, la centrifugación es fundamental.

